Gabriela Borraccetti

Psicoastrologuía

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Psicoastrologuía de la pandemia

Nací en un año en donde incluso el titular del periódico del día, era acerca de la guerra de Vietnam. Crecí escuchando que los mejores productos eran Made in Usa y esperando que alguno me trajera la muñeca importada que hablaba. Lo "mejor" se decia que venía de afuera y lo nuestro era de cuarta. También creía que Dios castigaba y amontonaba en mi cabeza estupideces por el estilo a las cuales creí a pié juntillas por unos años, ya que la gente adulta que se ocupaba de educarme, me había convencido de que tenían razón y que decían la verdad. Por eso, exigían de mí que yo no ocultara nada , (siempre obedecí y pagué un costo por expresarme), pero al principio, creía más en ellos que en mí. Como era muy sensible y muy temerosa de lo que dijese "la autoridad", fuí tierra fértil para que en mí crecieran mentiras como flores que parecían verdades, pero algo adentro mío siempre fué muy subversivo y contestatario aunque de boca para adentro. Sin embargo, un día me animé y empecé a sospechar que los que se llamaban "grandes", desconocían el significado de las palabras o mentían, y para dirimir esa duda, empecé a utilizar el diccionario. Como era eso de que había que tener temor de Dios cuando Dios era todo amor????????. El temor y el amor son incompatibles. Y ese fué el principio.


Tenía 6 años y ya no me podía quedar con lo que me dijeran porque el "Larousse" no creo que tuviera la misión de torcer la esencia de las palabras y terminó por darme la razón con definiciones bastante más claras que las que escuchaba a diario. Aprendí a dudarlo todo, empecé a buscar el significado de las cosas por mí misma y no estaba dispuesta a ser una ensalada de contradicciones para heredar a mis hijos que suponía, serían sensibles, influenciables y tortuosos igual que yo. Se ve que la psicología me encontró antes que yo a ella, pero tardé en darme cuenta. Todo parecía ser un mundo muy loco en donde la cosa era obedecer y no cuestionar. Pero a mí no me causaba gracia esa concepción de las cosas y pedí a los 9 años a mis padres, que me saquen de ese lavadero de cerebros privado y religioso con el que Jesús no estaría de acuerdo. El solo poder pagar esa cuota, dejaba a muchos nenitos afuera sin poder aprender a leer y escribir. Los uniformes eran carísimos,y como si fuera poco, solo se podían comprar en el colegio, siendo las mismas monjas las que bajo la prédica de la pobreza, te los vendían. O yo estaba volviéndome loca o vivía en un mundo retorcido.


Preocupada por eso, fué que hice el pedido de pasar a una escuela pública. Esa forma de pensar me valió muchas veces el mote de zurda, palabra que recién comprendí mucho más adelante y ya sin diccionario, puesto que en él no existía la más mínima mención al sentimiento de solidaridad con el que menos tiene. Una cosa era adherir a Marx y la otra era creer que algunos comerciaban en nombre de Dios. No obstante, a medida que iba creciendo, la cosa se empezó a complicar porque ya no se trataba de un significado encontrado en el diccionario, sino del sentido más complejo de la existencia misma, de la interacción entre las personas, de los pensamientos que se inoculan y de obediencias debidas que como ví mucho tiempo después, puede ser el acabose de vidas irrecuperables. Empecé entonces a atar cabos del por qué se decía que el juguete importado era mejor, por qué había que creer en un dios salvador y ahí tuve que ver lo triste que es escuchar suspiros siempre por un Otro que nos va a salvar y a dar lo mejor. El precio de esa formación es el desprecio por uno mismo y el dejar en otras manos aquello que a uno le corresponde. Como se podrá observar, el mundo y yo aún no nos ponemos de acuerdo, pero sigo en el mismo camino de ir a contramano y de comenzar a aceptar que eso no es tan malo, salvo el sentir que algunas veces uno se encuentra caminando en el desierto.


Hoy volvemos a estar en guerra, esta vez con un virus común que es enemigo de todo el globo. Obviamente, esperamos de algún Dios que llegue la solución, mientras que quizá por primera vez en la historia de los que estamos vivos, EEUU no es el que nos va a enviar a Superman porque allí mueren de a cientos de miles. No obstante, vemos como en los medios masivos y en el global Facebook, se velan videos e imagenes por violentas, sobre todo cuando los muertos, son los del lado más indefenso, sin considerar por supuesto, que lo que violenta no es lo que se ve, sino lo que sucede.



Aún así, seguimos tratando de sostener que la esperanza viene de un otro lugar, que la verdad la dicen los diarios y que lo que está lejos, -y no nos muestran en su real dimensión-, es lo mejor o es cierto.


Aprender a cuestionar lo estatuído en este mundo como lo "verdadero", lo "seguro" y lo "poderoso" es ahora o nunca: Plutón, Júpiter, Saturno y el tránsito de Urano por Tauro, han llegado para mostrarnos de un modo muy gráfico que tal como vivimos, con una acumulación extrema de poder en un 1% de la población mundial, las cosas están mal. Verdaderamente mal. No importa cual sea tu país, no importa cual sea tu Dios, no importa cual sea tu riqueza. Hoy todos estamos en una especie de Arca de Noé, en un diluvio universal en el que o salimos todos o nos comeremos los unos a los otros hasta que el arca quede sin posibilidades de seguir funcionando como sostén de la vida.


Es una oportunidad real, es un momento bisagra y es tiempo para protagonizar una página muy importante de la historia: atreverse a dejar de repetir viejos modelos de inequidad, porque el virus nos ha dejado a todos en las mismas condiciones de indefensión.

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