Gabriela Borraccetti

El Universo en tí

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A QUE LLAMAMOS EGO - Psicoastrologuía

En este artículo, va una dedicatoria a la descripción del tan vapuleado Ego dentro de esta moda new age, que ha caratulado de muy livianas, nefasta y superficial, a una instancia psíquica que pasa a ser prácticamente una mancha indeseable en nuestra espiritualidad.



Uds. podrán ver en la foto a personas establecidas sobre un suelo transparente, pero con una estructura metálica y reforzada que las sostiene para no caer en un precipicio caótico y vertiginoso. A pesar del refuerzo de cristales diseñados con el propósito de no romperse salvo por un inmenso impacto que resultase un accidente de dimensiones gigantes, la mayor parte de ellos tiene sus pies apoyados en la parte que ciega el fondo del paisaje a varios metros de altura, es decir, que se encuentran parados sobre el borde que contornea y atraviesa el suelo con el fin de crear una sensación de máxima seguridad, delimitando una forma a la cual poder ver, tocar y reconocer como límite. Este límite impide a su vez que la vista le comunique al cerebro esa sensación de estar derrumbándonos sin salvación.

Aún así pareciera que falta algo más para tener la certeza de ocupar un lugar, un punto determinado y bien definido en el espacio y es por ello que el límite o contorno, no figura sólo debajo de los pies, sino que se extiende alrededor con forma de una barandilla. Ésta baranda de la cual poder sostenerse, impide que el vértigo paralice reflejos e imposibilite acciones y es por todo esto que digo, que cabría una seria reflexión acerca de lo que denostamos cuando hablamos de ego.

Pareciera ser que el también denominado YO, se ha transformado en la función de amurallante del alma, aunque sería todo un acto de consciencia poder reflexionar acerca de lo que sucedería al remover de golpe la estructura limitante, (representante de nuestro ego), desde donde estas personas, están contemplando la vida. ¿Se pueden imaginar que sentirían si repentinamente se eliminase la plataforma sobre la que apoyan sus pies?. Que sucedería si junto con ella, desapareciera la baranda que los contiene?. Todas estas preguntas nos las podemos hacer poniéndonos como protagonistas de la escena, y quizá sea bastante difícil de componer el cuadro completo de sensaciones caóticas que se producirían en nuestro interior. No obstante, no ´pueden caber dudas de que tal acontecimiento nos transportaría a la desesperación, teniendo esa sensación de pérdida irremediable en un vacío imposible de significar.

La desaparición de referencias en tiempo y espacio, nos entregarían a la ausencia de puntos coherentes, imposibilitando cualquier ilación, orden y claridad necesaria para tomar decisiones, reflexionar y pensar. Eso es lo que sucedería en plena caída al vacío. Descenderíamos estrepitosmente al caos absoluto, y junto con ello, al desconocimiento del suelo que pisamos o el sitio que habitamos. La nada sería el único punto de referencia posible e imaginar a la nada, por más que la confundamos con una fantasía acerca de ella y nos pretendamos extensos e infinitos en un nivel finito. Ese sentimiento ilimitado, no es posible de internalizar en forma completa, obviamente, salvo que se elimine la estructura del ego y comenzáramos a habitar en un caos sin calles, sin direcciones, sin relojes, sin nombres y sin palabras que sirvan para decir "yo soy...".

En ese camino al vacío, el cuerpo aparecería como un átomo que se fragmenta en partículas cada vez más pequeñas; y desapareciendo en el acto lo que conocemos como brazos, pies, y cabeza; tanto literal como metafóricamente; quedaría tan sólo el terror de una nadedad que no nos dejaría en paz hasta desaparecer atomizados en un mundo muy diferente del que el ego estructura, para hacer posible tanto la mismidad como la otredad. La visión de "lo completo", cambiaría totalmente nuestra percepción, y pasaríamos a formar parte de una consciencia global, perteneciente a todos y a nadie, desconociendo a su vez el significado de las palabras "todo" "y" "nadie". El adiós a las formas sería definitivo, y la ausencia de tiempo y espacio, la nueva ley. Sin mencionar que no habría cantidades de ningún tipo: ni en kilos, ni en pesos, ni en estatus, ni en poder, ni en niguna de esas cosas de las que muchos que se llaman espirituales, hoy luchan por no perder o por obtener en las cantidades "exitosas" que las categorías de este mundo exigen.

Algo a lo que hoy llamamos delirio o locura, sería más o menos el resultado de lo que vivenciaríamos a causa de la pérdida de esos bordes, de esas barandas, de esa parte que nos "ciega" la inseguridad. Por esto, Capricornio es el último Signo perteneciente a las cosas del mundo: a sus metas, exigencias, trabajo, responsabilidades, deberes, oropeles, ganancias y pérdidas según la división social que se establece según se haya alcanzado sobre todo, económicamente. Después de este Signo, comenzaría con Acuario la ruptura con el mundo de las formas tal como lo conocemos. Aún así, en ese instante opuesto a la plenitud del ego de Leo, existe aún un ego capaz de saberse formando parte de un todo, ofreciendo al menos un transbordador espacial para aquellos que deseen surcar espacios sidéreos en lugar de terrestres. Llegando ya a Piscis, que es el último escalón que lleva al próximo espiral en el camino de ascensión, sabemos de la débil y estructural conexión del ego con la realidad ordinaria; dado que aquí, lo que está a punto de desaparecer por completo, es todo atisbo de estructura, y no sólo el suelo, sino la baranda, y la noción de "caída". El caso más puro de la consciencia pisciana, sería aquello que calificamos actualmente de realidad delirante, pero aún así, sin llegar a ese extremo, los procesos mentales piscianos, tienen un orden y coherencia interna que a los más racionales tranquilamente puede parecerles un delirio.

En las aguas neptunianas existe una realidad que podría llamarse "paralela" y dentro de su internalidad, lo que reina es la coherencia del TODO Y LA NADA juntas. Aún funcionando bajo leyes que tienden a relativizar los conceptos de tiempo y espacio, Piscis puede captar una realidad detrás de otra realidad, y darles un nuevo sentido tal como lo hizo Einstein, pisciano creador de una nueva forma de estructurar lo antes "medido" y enunciado bajo las leyes de la física saturnina.

En Piscis, las cosas no están para entenderse, sino para comprenderse o abrocharse en una especie de capitoné y en donde desaparecen los pasos de "1°, 2° y 3°"para dar lugar a la inclusión del sí y el no que funcionan al unísono, y permitir a su vez al tercero excluído junto con la contradicción. En esas aguas caóticas, todo puede ser y no ser en el mismo espacio y en igual tiempo y aún sonando contradictorio, es una forma diferente de escrutar otras realidades. En síntesis, la estructura que queda como "esqueleto" cada vez más pequeño a medida que atravesamos el recorrido de los 12 signos, a pesar de ser cada vez menos influyente en los principios que regulan nuestras tan particulares realidades, son eso, estructuras, egos más o menos débiles, más o menos integrados, más o menos delirantes.

Pisotear la instancia del Ego que se forma en Leo, es pretender no tener al signo incluido en la propia carta natal. Es negar que se lo posee y es una construcción delirante, incluso aunque no seamos piscianos, ni tengamos un Neptuno fuerte, angular o multiaspectado.


El tema del "Ego", es una deformación interpretativa de la espiral de ascensión zodiacal, el tomar como indeseable y poco espiritual, aquello que hace que podamos tener un eje o un centro para poder darle sentido a la porción de realidad que nos es dable ver pero por sobre todo, es la negación de aquello que permite que vos y yo nos podamos reconocer en el tan rezado "NAMASTÉ".


La función de Leo, es crear un punto de individualidad a partir del cual incluirnos en el mundo con una identidad. Si en este momento vas a tu portadocumentos y encuentras uno, entonces será porque tienes un nombre y si tienes un nombre es porque posees algo que te diferencia del resto. Es esa diferencia lo que te acompaña desde el nacimiento hasta llegar a la tumba. El ego es ese andamio desde el cual construimos nuestra autopercepción, siendo él la estructura sobre la que debemos apoyar nuestros pies, si es que deseamos proponernos como el sujeto de una enunciación, de una acción, de un sentimiento o un pensamiento que pueda ser compartido con vos, con ustedes, con el mundo y con el cosmos, usemos o no la palabra YO en el enunciado.
Siendo Leo el cristal a través de los cuales miramos el mundo, será mejor limpiarlo y mantenerlo libre de demasiado ornamento ficticio, o sea, de narcisismo vano que no es lo mismo que ego-, pero quedarnos sin cristales... no nos sería demasiado agradable. No tener por qué vivir, ni sentirnos especiales, sería algo que conspiraría contra el deseo de estar vivos!.

Hemos llegado al final del artículo y el mensajes es: no es espiritual quien no tiene ego, sino quien tiene uno pegado a todos los mandatos de status, dinero, poder, consumo, belleza, ambición y todo lo que promueve al pisoteo "justificado" del otro. Un ego agrandado sí es una patología y se lo llama narcisista. Pero para saber a qué nos referimos con ello, habrá otro artículo en el que analizar cuantos adornos consumimos en nombre de la alegría, del bienestar y de la supuesta libertad que nos dan los objetos.

Feliz vida para ustedes!

Gabriela Borraccetti
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